No sé qué pensar de los videojugadores de hoy en día. Puede que el público se haya vuelto más gallina, o que yo haya adquirido tolerancia a los juegos/películas de miedo, pero aun así… Por todos lados he visto y leído que Dead Space es el juego que más miedo da de los últimos cinco años, que meterse en el USG Ishimura solo, de noche y con las luces apagadas de seguro resultará en lágrimas y pantalones mojados. Pero ya lo jugué y ya lo terminé, y aunque hice la mayor parte sin compañía y sin luz, no me pareció más tenebroso que Half-Life 2 (aclaración: Half-Life 2 no tenebroso).
Sin embargo, aunque falla en ese respecto, Dead Space es una entretenida y atmosférica aventura en tercera persona que de seguro los divertirá, a no ser que le tengan aversión a sangre y violencia en cantidades anormales. Es bueno ver un juego que no le corre a ofrecer cosas nuevas en un género definido, y mejor aún que lo haga exitosamente. Porque aunque acá hay claras influencias de Doom 3, la variedad en jugabilidad de este título va mucho más allá que lo ofrecido por id Software.
Ésta es la historia de Isaac Clarke, ingeniero de sistemas en un futuro indefinido en el cual la humanidad vaga libremente por el espacio. Al principio del juego, Isaac y sus compañeros (Kendra y Hammond) reciben una señal de auxilio del enorme USG Ishimura. Ésta es una nave ‘rompe-planetas’, usada para extraer minerales y otros recursos de mundos inhabitados. Al llegar a la nave, el trío rápidamente se da cuenta que algo no anda bien cuando encuentran varios miembros de la tripulación muertos y descuartizados a la entrada (bien perspicaces, estos tres). Isaac se separa de los otros dos y descubre que al parecer no queda nadie vivo a bordo, o al menos humanos; ahora la nave está poblada por diabólicas criaturas llamadas necromorfos.
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La trama no es el punto fuerte de Dead Space. El jugador usualmente se la pasa corriendo de un lugar a otro evitando la destrucción del Ishimura, y mentiría si dijera que la resolución de la historia me dejó satisfecho. Además, los otros personajes son odiosos e interpretados por actores a quienes no les importa medio bledo el juego. Tiene más credibilidad la famosa voz automática de Stephen Hawking. Por fortuna, se pueden escuchar sus mensajes las veces que quieran, al igual que todas las otras grabaciones que van encontrando, porque la primera vez uno sólo piensa en la paupérrima calidad de la actuación.
Hasta ahora no he hecho más que hablar mal del juego, y se preguntarán por qué le di un puntaje tan alto. Ocurre que, después de un rato, estas cosas paran de importar. Uno aprende a no pararle bolas a los tontos y repetitivos objetivos que asignan Kendra y Hammond, y a disfrutar del solitario mundo que es el USG Ishimura.